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Conciencia y alma de los animales

febrero 4, 2016
Administrador
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Ayer mismo recibí un correo de una persona diciéndome que había hablado con un famoso jinete quien le había comentado que los caballos no tienen alma. Entonces esta persona me escribió preguntando que es lo que pensaba yo…

Después de unos momentos de indignación, me puse a reflexionar…

¿Cómo es posible que trabajando día tras día con caballos se pueda pensar que no tienen alma?

Si cada gesto, cada mirada, todo lo que emanan… muestran claramente que tienen conciencia y alma.

Tantas veces… he escuchado hablar que los animales son tontos, que no tienen pensamientos ni emociones ni consciencia. Pero la verdad es que todo tiene consciencia, los animales, las plantas, las rocas y la madre tierra que pisamos.

Conciencia es lo mismo que alma o esencia de un ser

En muchas tradiciones antiguas se encuentran las creencias de que todo tiene alma. Por ejemplo en el taoísmo y en las tradiciones amerindias de Norteamérica tienen la noción de que todo lo que existe tiene alma.

La cuestión es que nosotros los humanos, pensamos que somos los únicos con conciencia porque reconocemos los tipos de pensamientos y las emociones que tenemos como grupo humano. Las únicas diferencias son los distintos valores culturales o religiosos, pero en el fondo reconocemos un idioma común de la humanidad y pensamos que nosotros somos los únicos quienes tenemos conciencia y los otros seres que conviven con nosotros en el planeta no.

Además nuestros sistemas religiosos nos han otorgado “un alma” con todo los beneficios que esta alma nos dará después de la muerte. Los sistemas religiosos nunca han elaborado una creencia sobre el alma animal… (sí en el budismo) y hemos llegado a la conclusión de que no existe el alma animal ni tampoco en otro ser vivo.

Pero si llegáramos a entender completamente, llegar a lo más profundo de cada ser vivo, animal o vegetal, entenderíamos que ellos también tienen conciencia y alma igual que nosotros. Entenderíamos que todos somos iguales. No solo como una idea, sino por experiencia directa.

Para llegar a esta dimensión profunda, tenemos que amplificar y modificar nuestra conciencia. Cuanto más expandimos nuestra propia conciencia, más podemos acceder a la de los otros seres vivos, entendiéndoles y comprendiéndoles.

El  puente para llegar a esto es la compasión

La emoción más elevada, según mis vivencias, es la compasión. No se puede tener compasión sin conciencia.

En este caso, Conciencia significaría estar al tanto de lo que esta pasando en su entorno, de las emociones de los demás que lo rodean y tener la capacidad de reflexionar sobre uno mismo.

Recuerdo un día que estaba en un parque de animales y vi a un mono. Parecía que estaba llorando, lanzaba pequeños chillidos de pena. Otro mono, que parecía más mayor, subió inmediatamente al árbol, se acercó a él, se puso a acariciarle la mejilla igual que si le estuviera secando las lagrimas, luego le cogió en brazos y el mono se tranquilizo.

Otro día que estaba visitando una cuadra en el este de Francia, vi a un caballo blanco y un perro negro.
La escena me sorprendió. El perro era muy mayor y tenía artrosis, le costaba desplazarse y le dolía la espalda. Cada día se iba a ver al caballo blanco que estaba en la cuadra y éste le hacia masaje en toda la espina dorsal, mordiéndole muy suavemente de arriba hacia abajo. ¡El perro disfrutaba plenamente de esta nueva técnica holística!

En muchos tests científicos que se han hecho con ratones (tests crueles que no son necesarios) se ha podido mostrar el alto nivel de compasión de los ratones. Por ejemplo un grupo entero de ratones prefería dejarse morir de hambre para salvar a otro ratón, en vez de tomar el premio de comida. Cuando entienden que el premio de comida significaría la muerte inminente del ratón maltratado, eligen no comer.

La compasión, como seres humanos, nos permite entender el idioma de los demás, ver el mundo a través de sus ojos y sentirse  como ellos.

Más experiencias de la Conciencia y el Alma animal

Cuando estuve filmando para un documental, tuve la ocasión de poder  acceder a los pensamientos y la forma de pensar de muchos animales distintos tales como vacas, gorilas, cuervos, etc.,.
En todos los casos he podido ver y demostrar que todos ellos podían  entender perfectamente lo que estaba pasando a su alrededor, captar las emociones y los pensamientos de los demás seres, humanos y animales, en su entorno. Ser capaces de tener compasión y la noción de quienes son ellos mismos y saberse diferenciar del otro. Soy capaz de ser consciente de como me siento, yo soy yo y el otro es el otro.

Según los filósofos más prominentes de hoy en día, esto es lo que determina la conciencia. En los animales, a pesar de conocer la diferencia entre su ser y la del otro, he podido ver que no hay juicio, si no  entendimiento del otro, una noción de justo y de no justo, compasión y muchas veces amor incondicional.

¿Todavía podemos pensar que los animales no tienen alma?

Para profundizar aún más sobre la Conciencia y el alma de los animales dispones de los libros de Laila del Monte:

ENTREVISTA A LAILA DEL MONTE

octubre 29, 2015
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Un encuentro con Laila del Monte,

Nikitauna mujer explora el ámbito, todavía sin cultivar, de la comunicación entre el hombre y el animal.

La afluencia a los seminarios que ofrece desde hace algunos años muestra el interés creciente por esta nueva disciplina. A través de su trabajo, abre pistas desconocidas y empuja los límites de nuestros conocimientos y nuestros prejuicios. Nos permite además reflexionar sobre nosotros mismos, llevándonos a reconsiderar nuestra visión antropocentrista del mundo, así como nuestra responsabilidad como seres humanos ante otros seres vivos.

¿Recuerdas la primera vez en la que te comunicaste con un animal?

No puedo precisar exactamente la primera vez, pero recuerdo que, siendo pequeña, en España, en la Isla de Formentera donde vivía, “sentía el pensamiento” de los animales. Sabía en qué estado físico y emocional estaban. Me comunicaba permanentemente “de espíritu a espíritu” con los burros, con las cabras, con los caballos… Tenía frases enteras en la cabeza. A las cabras, por ejemplo, que en nuestra casa tenían las patas atadas de dos en dos, les costaba caminar. Sentía su dolor y les daba “trucos” para que sufrieran menos. Tenía la sensación, no de sufrir con ellas, sino de ser como ellas. Es algo diferente de la compasión. Incluso le decía a un burro de mi tío lo que tenía que hacer para que no le pegaran. Para mí era algo normal, no sabía que los demás no funcionaban así. Al crecer me di cuenta de que vivía algo diferente y empecé a guardar el secreto.

¿Cómo llegaste a sanar a los animales?

El pasaje se hizo al inicio de varias “experiencias” que transformaron totalmente mi vida. Era bailarina de flamenco, y consagraba a ello todo mi tiempo y mi energía. Esas experiencias espirituales me desviaron del baile y me llevaron al trabajo que realizo hoy día. La primera experiencia ocurrió cuando tenía diez años. Un día casi me ahogo y vi la luz por primera vez. La segunda se produjo justo después del nacimiento de mis hijos. Estaba moribunda y mi a mi ex marido, que hablaba hebreo, le habían llamado para ir a traducir la conferencia de un gran cabalista en Shammans. Mi marido dijo que no podía ir porque su mujer estaba muy enferma. Yo estaba muriéndome, pesaba a penas cuarenta kilos, no podía levantarme, estaba cubierta de mantas en pleno mes de julio y me estaba dejando ir dulcemente. En mitad de la noche, empecé a tener mucho calor y vi las luces, vi a las presencias que hoy día conozco. Al día siguiente pude levantarme y caminar, era el inicio de las curaciones. El cabalista me dijo: “Me ha ocurrido esto por ti, ¡es la primera vez y nunca me volverá a ocurrir!”. Murió cinco años más tarde.

Después, en los Estados Unidos, conocí a muchos maestros espirituales, y en particular a los “médicos del cielo” en Méjico. En aquella época tenía problemas en la rodilla que me impedían andar. Enseñaba el baile sentada en una silla. Me habían dicho que nunca más podría andar. Me giré hacia “arriba” y tuve un momento de abandono completo al decir: “Si quieres que baile, bailaré. Si no quieres que baile, lo dejaré”. Tres días después me hablaron de los “médicos del cielo”. Son espíritus de verdaderos médicos que entran en el cuerpo de alguien y hacen operaciones. Me operaron con verdadero escalpelo, sin anestesia. Tras la operación me levanté, doblé las piernas, me puse mis zapatillas de baile y, un mes después, bailaba en los principales escenarios: el Hollywood Bowl, el Jordan Hall o el Boston Thatre.

¿Quiénes son los “médicos del cielo”?

Por lo que sé, solo hay tres personas en el mundo que puedan acoger estos médicos en su cuerpo y han sido escogidas y formadas desde su infancia. Por mi parte, tengo una relación de espíritu con los “médicos del cielo” que me guían desde hace diecisiete años. Gracias a ellos, cambié toda mi manera de ver la vida, el mundo, la muerte, el amor, la curación… todo cambió. Tras varios años, me enviaron también una ayuda de “arriba” para curar a los animales. Tuve otro tipo de experiencias, pero prefiero no hablar demasiado de ellas ya que son experiencias místicas, formas de “preparación” de mí misma, que se producen desde hace años. Todo lo que puedo decir es que se trata de un amor increíble. Comenzó por mi encuentro con el lobo del que hablo en mi libro.

¿Qué te ha motivado a ponerte al servicio de los animales y de las personas?

Ni siquiera puedo hablar de motivación, es algo que simplemente tengo que hacer. Todo lo que tengo que hacer es mantener la integridad, la humildad, la pureza y la delicadeza. Si me ocupo de un animal, tengo que ir hasta el final. Siento su sufrimiento, pero intento no asumirlo yo. Lloro mucho. Es imposible hacer lo que hago sin llorar, pero al mismo tiempo, cuando sé que puedo curar y mejorar la calidad de vida, ya no sufro. Para mí es un honor y una enorme felicidad poder hacerlo.

Hay dos aspectos bien diferenciados en la práctica que realizo: por un lado está la comunicación animal, y por otro la terapia a los animales o a las personas. La comunicación animal es una proyección de espíritu a espíritu. Proyecto mi espíritu hacia el del animal y hablo con él. Es un verdadero encuentro. No es una videncia. La videncia es una cualidad que tienen algunas personas para captar las cosas que ocurren, en el pasado o en el futuro, mientras que la comunicación animal es un diálogo entre dos espíritus. Puedo captar al animal, sentirlo, y puedo transmitirle cosas.

La terapia es algo totalmente diferente. Me han dado el don de realizar la terapia para curar. Si trabajo con un veterinario, puedo saber dónde está el sufrimiento del animal y guiar al primero, pero eso no substituye al diagnóstico. Siempre pido que haya radiografías, resonancias, muestras de sangre, etc…

La terapia que realizo es algo que me ha sido dado por los “médicos del cielo”. Algunas personas, tras leer mi libro o después de hacer un seminario, hacen una amalgama y han decidido que pueden curar, mientras que no tienen ni la capacidad, ni el “don”, ni el derecho de hacerlo. Hay quien hace su propio diagnóstico y a veces se producen resultados dramáticos, llevando incluso a la muerte del animal. ¡Comunicarse con un animal no significa que podamos curarlo!

¿También tratas a las personas?

Recibo muy pocas personas por el momento, caso a caso. En algunos casos me es dado, como en el caso de una amazona que había tenido una caída del caballo, que tenía dislocada totalmente la zona renal. Había sido desahuciada por los médicos y pudo ser curada completamente. Estos milagros están ligados a una intervención divina. Esta puede pasar a través de mí, mediante mi mano, o sin tocar, o incluso a distancia. Siempre se trata de algo muy grave, que se resuelve rápidamente. En los otros casos son los “médicos del cielo” los que trabajan, de manera regular, en un largo período de tiempo, a través de mí. Me comunico con ellos en espíritu.

¿Cómo te comunicas concretamente con un animal?

Proyecto mi espíritu hacia el del animal y capto su estado de alma, lo que ocurre en su vida, la relación que tiene con su entorno, consigo mismo, con su guardián… Me conecto con él utilizando su lenguaje. Como los lobos, que van a cazar de manera separada pero permanecen conectados en espíritu a la jauría. Recibo informaciones bajo forma de percepciones: imágenes, pensamientos, frases, sensaciones físicas o emocionales, a veces olores… Pueden aparecer bajo todas esas formas. Entro en el “lenguaje puro”, que es el lenguaje propio de los animales, y que se expresa a través de los cinco sentidos, además de la emoción. Todo ser vivo posee ese lenguaje. El ser humano lo perdió en el camino, pero las tradiciones antiguas lo poseían, de igual modo que las que hoy día todavía viven en un entorno cercano a la naturaleza. En Occidente este lenguaje ha desaparecido totalmente, hay que aprender a reconectarse con él.

Durante mis seminarios, doy claves para reabrir la intuición original y reencontrar nuestra capacidad de comunicar. Por medio de una técnica de focalización concreta, llevo a las personas a entrar en una categoría de onda cerebral. Eso conduce a un profundo estado de meditación que permite evacuar el parasitismo del mental y de este modo comunicarse con el animal. Es imposible estar en la meditación y en el mental al mismo tiempo. La técnica y el enfoque propuestos permiten acceder al puro resentir, al puro lenguaje de los animales y no a la fantasía. El mayor riesgo en este trabajo es el hacer proyecciones, interpretaciones, deducciones, suposiciones, hacer decir algo al animal que no puede decir. El objetivo de la comunicación con el animal no es descifrar grandes mensajes del universo, sino comprender de manera precisa al animal en sus emociones, en sus necesidades, y en un gran respeto de lo que es.

La comunicación con un animal salvaje no es la misma que la que se realiza con un animal doméstico, que ya está impregnado por el hombre y se ha adaptado a él. Si nos comunicamos con un animal salvaje del mismo modo que lo hacemos con animales domésticos, puede tener consecuencias imprevistas y a veces reacciones peligrosas por parte del animal. La conexión se afina a través la comunicación con relación a la especificad de cada especie, de cada raza, de cada individuo.

¿Por qué tanta gente se interesa en la comunicación animal hoy día?

Hay diferentes motivos, pero en el fondo es porque los animales son a veces la única fuente de verdadero amor que las personas pueden experimentar. Como ese amor está cerca, quieren comunicarse con él y sentirlo de manera más profunda. Las personas que vienen a hacer seminarios generalmente vienen para saber más sobre su animal, para saber si está bien. Hay jinetes que quieren profundizar en su relación con el caballo, veterinarios, osteópatas, especialistas en comportamiento, cuidadores de parques zoológicos que quieren profundizar en el conocimiento de los animales que cuidan. A veces, hay personas que vienen porque quieren entrar en relación con un animal fallecido. La razón principal que lleva a la comunicación animal es la voluntad de comprender al animal en otra dimensión, de comprender que no es solo un animal, sino un ser vivo que tiene una amplia paleta de emociones, de pensamientos, de comportamientos, y que además, puede dar pruebas de compasión.

¿Cuáles son los riesgos de la comunicación animal?

Hay personas que se afirman comunicadores tras una formación de un fin de semana. Hay personas que me piden diplomas, pero por el momento nunca he dado ningún certificado. Hoy día, muchos seminarios nos permiten convertirnos en especialistas de una u otra cosa en poco tiempo, mientras que las enseñanzas han requerido miles de años en madurar y desarrollarse.

El otro riesgo está en relación con el diagnóstico. A veces he escuchado a una persona decir: “Tu perro quiere morir… tu gato quiere suicidarse… es un alma vieja…”, queriendo decir “podemos dejarla irse” Un animal no tiene ninguna noción sobre el suicidio, ni siquiera sobre el significado de la palabra “suicidio”, es una noción únicamente humana. A veces también ocurre en las personas: si alguien dice que quiere morir cuando está enfermo y no come, no implica necesariamente que ya no quiera vivir. Hay que prestar mucha atención a lo que se dice, especialmente en este ámbito. Podemos provocar angustias emocionales muy profundas. La vida es sagrada. En la comunicación animal hay diferentes capas de lecturas. A veces, las personas sin una experiencia suficiente solo perciben la primera capa del mensaje, aquella en la que el animal expresa su malestar temporal y no su resentir profundo. Todo ser vivo quiere vivir.

¿Cuál es tu postura ante la eutanasia?

Una de las cosas que encuentro más difícil es tener que enfrentarme continuamente a la eutanasia. Paso horas explicando por qué no hay una eutanasia sistemática, horas que deberían ser consagradas a las terapias. Si nos acercamos a un caballo enfermo pensando continuamente en la eutanasia, va a percibir nuestros pensamientos, esto le va a deprimir y tendrá un comportamiento que será reflejo de la realidad de su estado. En cuanto algo va mal, haya una fractura, un tumor o algún otro problema, en seguida se habla de eutanasia. Y a menudo las personas entorno al animal quieren practicarle la eutanasia debido al miedo a su propio sufrimiento. Pero eso no es necesariamente lo que quiere el animal. Practicar de manera sistemática la eutanasia es una falta de respeto hacia él. ¡Sin hablar de las personas que eligen practicar la eutanasia de su animal para poder irse de vacaciones!

Tampoco es siempre necesaria la eutanasia para los animales que están al final de sus vidas, ya que saben irse por sí mismos cuando llega su hora. Los casos en los que se debe considerar la eutanasia son los casos de enfermedades dolorosas, tal como los edemas pulmonares con dificultad respiratoria. Es esos casos, los síntomas están claros. El guardián del animal es a menudo el que mejor puede saber lo que es justo, ya que es él el que tiene una relación estrecha con el animal. Pero nunca es un momento fácil; existe mucha culpabilidad. Esta reflexión sobre la eutanasia de los animales no carece de importancia. Por mi parte, cuando mi madre está cansada o enferma, no pienso en darle la eutanasia…

Entras en relación con animales que han fallecido. ¿Qué os dicen los animales de la muerte?

Solo entro en relación con animales fallecidos si hay algo que no está resuelto en relación con la persona, como una muerte violenta o una gran culpabilidad. Si no, creo que hay que dejarles tranquilos. En estos casos, si hay una persona que sufre, recibo mensajes que la ayudan a volver a encontrar la paz y a aceptar la muerte del animal. Estos mensajes, de los que, por otro lado, no tengo manera de conocer el contenido, permiten al guardián comprender que no existe verdaderamente una muerte, que la vida continua, que el espíritu continúa. Pero nadie puede afirmar lo que ocurre tras la muerte, salvo las personas que hayan vivido experiencias cercanas a la muerte (ECMs). Para los animales, el pasaje hacia la muerte se hace de manera mucho más sencilla que para nosotros, y a menudo más rápido. Cuando se van, se van por sí mismos, sin miedo, aunque, por supuesto, un animal siempre vaya a intentar sobrevivir hasta el último minuto.

¿Quiénes son los animales? ¿Qué nos enseñan?

Existe una diferencia entre los animales domésticos y los salvajes. Por lo que respecta a los animales domésticos, están ahí solo por estar ahí. No hay cuarenta razones. Una de las frases más destacables de los “médicos del cielo” es: “Son seres de luz que van y vienen, eso es todo”. Los animales están ahí para acompañar, para dar alegría, felicidad, amor. Además, ocurre que los animales absorben “inconscientemente” muchas cosas de las personas que les rodean, tanto sobre el plano físico como sobre el emocional. Es algo que compruebo en todos los casos que he podido ver. No es una verdad absoluta. La observación de los animales salvajes nos lleva a comprender cómo vivir realmente, de manera real. Tienen mucho que enseñarnos sobre los caminos posibles para vivir de forma coherente.

¿Qué sentido das hoy a tu trabajo?

Es un inmenso honor ayudar y poder ser guiada. Me encanta enseñar. Lo que vivimos en los seminarios va mucho más allá de la comunicación animal. Muchas personas nos dicen que ha transformado sus vidas. Cuando realizo una comunicación con un animal, va a revelar algo en la vida de la persona y va a conllevar muchas emociones. En ese momento Conrad White Tagle toma el relevo para acompañar a la persona. Conrad y yo somos complementarios en nuestro trabajo y somos muy felices haciendo lo que hacemos. Nos encanta, pero no dejamos de cuestionarnos..

Lo que he aprendido con los “médicos del cielo” es la integridad y la humildad. Somos los que les recibimos, y eso implica un reposicionamiento permanente para saber si estamos en el justo camino. La línea es delgada. También he aprendido de ellos que la vida está hecha para ser feliz. Me ha llevado mucho tiempo comprenderlo. Los momentos más fuertes de alegría que experimento son los de mis éxtasis, pero he aprendido a encontrar la alegría en todas las experiencias de la vida. Si puedo llevar a las personas a tener ese gusto en la punta de la lengua, me siento feliz.

La única cosa verdadera es ese amor infinito que siento. Lo único que puede permitir cambiar nuestra visión es unirnos a ese amor. Solo pretendo prestar mi voz para transmitirlo…

 

Comunicarse con Otros Seres sensibles

octubre 29, 2015
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11350826_868194483250455_2446193286475557240_nTodos tenemos la capacidad de dirigir nuestro espíritu hacia otros seres sensibles y otros reinos de la existencia con el fin de captar lo que está pasando y para interactuar unos con otros.

Este hermoso intercambio ocurre a menudo sin que nos demos cuenta. Cuando de repente nos damos cuenta, percibimos imágenes pensamientos y sentimientos, ya sean físicos o emocionales. Para mí, esa es la interconexión real que nos une a todos. Lo experimentamos todo el tiempo, sólo que no somos conscientes de ello.

Los animales, ellos, siempre perciben las distintas capas de la psique humana. Cuando era niña desarrollé la conciencia de cuando se estaba produciendo un intercambio entre el animal y yo. A partir de ahí, fui capaz de captar estos “códigos intangibles” (pensamientos, imágenes, sentimientos) y traducirlos a un lenguaje coherente.

¿Puede cualquier persona aprender a Comunicarse con los Animales?

Depende de sus deseos y anhelos en la vida. El desarrollo de la capacidad de ver, oír o sentir tiene más que ver con el perfeccionamiento de Uno Mismo que con cualquier otra cosa. Cuanto más se da cuenta uno de la existencia del No-Yo, más se vuelve esta habilidad clara, coherente y precisa.

Por todo esto considero La Comunicación Animal como una práctica de sensibilidad interior o espiritual. Desde este punto de vista, nos lleva a trabajar sobre Uno Mismo, a buscar la quietud interna, a observar ciertas pautas éticas y actuar de forma amorosa diariamente. Sin esta parte de la ecuación, la información recibida es más superficial y el intercambio con el animal será menos profundo y preciso.

Sin embargo, a pesar de que adoro comunicarme con los animales, nunca he considerado el desarrollo de cualquier habilidad como un objetivo final en la vida. Una habilidad es como una cereza en el pastel, se ve bonito, es divertido comerla y su sabor es dulce, pero no es el pastel. Creer que el objetivo es la obtención de la habilidad o tener la cereza es un engaño.

En primer lugar, el hecho de que los comunicadores principiantes se quedan cautivados con sus propias visiones y percepciones no es en absoluto útil para los animales. Quizás les hace sentir importantes y especiales. Por esta causa, el resultado de su comunicación será una interpretación que refleja sus propias creencias y formas de pensar, y no la verdadera realidad de la situación. En ese momento se pierde la sencillez y la realidad del intercambio entre el comunicador y el animal.

Una comunicación con interpretaciones y sin veracidad validable puede resultar angustiosa emocionalmente para el “guardián“ del animal. (Uso la palabra guardián porque los animales no nos pertenecen). Es más, una comunicación errónea puede dar como resultado el sufrimiento innecesario del animal o peor aún, que sea sacrificado antes de tiempo.

En segundo lugar, es engañoso para la persona pensar que sus percepciones, visiones, y las palabras que ha escuchado durante una comunicación son la meta final.

Los animales perciben las capas profundas de la psique humana durante todo el tiempo y no se alardean de sus habilidades… Ellos viven completamente en el momento presente sin analizar o proyectar sus emociones sobre los demás. Sus percepciones son construidas en parte por las necesidades de su instinto o de la supervivencia. Sin embargo en esencia, estas percepciones son muy sutiles y fluidas. Se expanden y se contraen según la situación que viven en el momento, así como con las necesidades del ser humano con quien comparten su vida.

La cereza es una adición -el Yo. El pastel es la sustancia. El pastel es la verdadera cuestión -el No-Yo.

La práctica de la quietud y el enfoque de la mente es la clave de La Comunicación Animal. No se trata de vaciar la mente, ya que es imposible vaciar la mente. La práctica de la quietud interna y del enfoque permite que nuestro espíritu pueda intercambiar con el del animal en ese espacio fuera del tiempo. Si estos dos elementos no están presentes, entonces La Comunicación se convierte en fantasía o en una interpretación según nuestros propias emociones, pensamientos o creencias del momento.

La práctica de la quietud y el enfoque es como un camino claro y sin obstáculos. Además, permite un intercambio simple, como si uno estuviera sentado con un amigo tomando un té y charlando tranquilamente.

La práctica de la quietud trae consigo la capacidad de escuchar y entender a los demás seres sensibles, pero sobre todo, nos pone en contacto con lo que Somos y hace que nos demos cuenta que todos los seres somos iguales.

Laila del Monte

Próximo libro, Cuando el Caballo guía al hombre

octubre 29, 2015
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Cuando el caballo guía al hombre

Alex, un jinete de carreras de obstáculos de alto nivel, sufre una caída de su caballo durante una competición internacional en la que estaba a punto de obtener la copa del mundo y cae en coma.

En este estado vive una experiencia que le lleva a conocer, entre otros, a caballos de personajes históricos como Hernán Cortés, el jefe comanche Quanah Parker, el rey Salomón, Gengis Kan, Lao-Tsé, Calígula y el Buda.
Desde otro plano de conciencia, estos encuentros le revelan la verdadera naturaleza de los caballos, sus pensamientos y sus emociones, y las condiciones en las que viven en la tierra junto a los seres humanos.

Alex aprende lo que un jinete debe hacer para tener una relación basada en la armonía y la colaboración con su compañero y amigo equino. Las enseñanzas transmitidas por los distintos caballos le permiten conocer la compasión y emprender así el camino hacia la conciencia plena, la iluminación.

Este relato iniciático, nos muestra y enseña que los animales poseen una conciencia idéntica a la nuestra, lo que nos acerca aún más en nuestra relación con ellos. Adoptar y comprender el punto del vista del caballo nos permite tener el discernimiento y la certeza de lo que es adecuado para él.

La frontera entre hombre y animal se difumina… nuestros sentidos y nuestras percepciones se agudizan para permitir que nos comprendamos mejor a nosotros mismos.

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